Testimonio

Testimonio: Andrés Ayora, emigrante ecuatoriano que fue parte de las Fuerzas Armadas en España.


Tres años de servicio en una patria ajena a mi vida


"Mi vida cambió el día que mi familia y mi padre decidieron que tenía que viajar a Madrid, España.
Todavía recuerdo como si fuera ayer, el momento que subí al avión y desde aquella ventanilla observaba como mi familia lloraba atrás de esa malla de alambre, en el aeropuerto Mariscal Sucre. Aquella malla de alambre fue llamada el lugar de los lamentos ya que día a día como yo hay personas que emigran y se alejan de sus familias por ir a otro país en busca de un mejor estilo de vida.
Fueron 13 horas de largo viaje. A cada instante me acordaba de mi familia que había en mi natal Ecuador, pero me ponía feliz reencontrarme con mi padre después de 5 largos años. Los nervios hacían que me suden las manos y que mi corazón latiera a mil por hora. Mi padre me esperaba en Palma de Mallorca.
Al pisar tierra española, el 26 de mayo del 2003, me sentí en otro mundo, la gente era muy liberal y cada quien vivía en su mundo. En la sala de espera estaba mi padre junto a su novia; las manos me temblaban, al verlo nos abrazamos fuertemente.
El tiempo transcurría, entre el invierno, el calor del verano, poco a poco me iba acostumbrando a esos cambios climáticos.
Pero la vida en España es muy costosa, por tal motivo los gastos eran excesivos, solo el arriendo de la casa costaba como 500 euros, (400 dólares) más los gastos de transporte y comida.
Una mañana en la que el cansancio, el frío se había apoderado de mi cuerpo, escuché en la televisión las propagandas para ingresar al servicio militar. Emocionado fui al siguiente día a la Intendencia Militar del Cuartel General de las Fuerzas Armadas de Palma de Mallorca, a pedir los respectivos requisitos para poder ingresar al establecimiento.
Fui aceptado en el cuartel después de ser evaluado en varias pruebas como las físicas, en las que consistían en correr 2 km por 10 minutos, fueron muy agotadores la competencia. Pero aun así llegué en tercer lugar. También me tomaron pruebas psicológicas y psicotrópicas.
Salí aprobado, esperaba con ansias el día que llegue para partir hacia el cuartel, me entusiasmaba mucho, ya que mi hermano también es militar pero en la ciudad de Barcelona. Fue tal la emoción de mi padre que me acompañó al aeropuerto, para embarcarme en el avión con destino Santiago de Compostela, en Galicia, al noroeste de España.
Al llega la Escuela Militar. Ubicado en un pueblo muy tranquilo llamado Ferrol. En el lugar se apreciaba como los soldados cumplían órdenes, iban y venían con sus ametralladoras. El primer día nos llevaron a cortarnos el cabello, nos raparon y más de uno recibía fuertes sermones por parte del superior. Una voz de mando nos informó que teníamos que ir al comedor. Como un resorte salí corriendo del lugar.
Al llegar nos dieron una comida que parecía agua cocinada con uno que otro fideo, bueno pues no me quedaba más que comer, o no iba a tener fuerzas para realizar los ejercicios físicos. Ese día me arrepentí de haber ingresado ya que aquello fideos que ya estaba algo quemados nos dieron nuevamente en la cena.
Las 5:00, el retumbar de la trompeta era el inicio de una nueva jornada: nos bañábamos en agua fría y después teníamos que ir a desayunar, para después realizar ejercicios físicos en las que terminábamos sucios hasta el rostro.
A pesar de que el cuerpo ya no aguantaba y nos dolía hasta el mínimo musculo, las actividades físicas no terminaban, íbamos de un lado al otro. Nosotros teníamos que realizar sin derecho a protestar, porque se justificaban que así teníamos que aguantar en la guerra.
El manejo de las armas, clases de supervivencia, era lo más interesante y disfrutaba con mis amigos aprender cosas distintas.
Pero también había los momentos de tensión y uno de ellos era cuando realizábamos los honores a la bandera y escuchábamos el Himno Nacional de España, no podíamos mover ni un musculo o si no éramos castigados.
Después de los seis meses en el que estuve a prueba, el día de firmar el contrato llegó. Este contrato de trabajo constaba: los extranjeros firmaban por tres años, mientras que los españoles el contrato era firmado por dos años. Ese día estuve feliz porque nos iban a pagar 1800 euros (1400 dólares).
Pasaron 3 años en los que viaje, conocí grandes personas, veía cada 6 meses a mi familia. Tuve pocas ocasiones en las que podía estar con una chavalita (chica). La última novia que tuve, el papá no me quería, me discriminaba por ser ecuatoriano, duramos un año, en la que le veía cada seis meses, pero después todo terminó el papá se interponía y un día casi llegamos a los puñetes.
En las Fuerzas Armadas, el contrato había culminado y la tristeza me invadía porque a pesar de que fui emigrante hice buenas amistades, entre ellas mi gran amigo Cheto, que siempre nos hacía reír con sus chistes. Pero aún decidí alejarme un buen tiempo de la milicia. España estaba pasando por un mal momento económico. Así que se me ocurrió la idea descabellada de ingresar a los campos de concentración y poder subsistir económicamente. Yo sabía a lo que me atenía, esos lugares son para morirse, son trabajos extremos y muy pocas personas han sobrevivido o han salido sin sufrir alguna enfermedad. Pero esa idea cambió cuando mi padre me dio una sorpresa, mis hermanos habían llegado de Ecuador y al fin la familia estaba unida. Ellos no querían que ingrese a ese lugar en la que corría la probabilidad de que no salga vivo de ahí.
Hasta que reflexioné y regresé a mi querida isla Palma de Mallorca, tomé la decisión de retomar el trabajo de jardinero y trabajar junto a mi padre, no ganaba igual como en las Fuerzas Armadas, pero es una ayuda para sobrevivir el día a día.
Ahora estoy unos días en Ecuador, vine a visitar a mis tíos, pero ya el 22 regreso a España a retomar mi vida y a trabajar para poder estudiar o tomo la decisión de ingresar otra vez al vida militar”.




PERFIL :
Raúl Vera, alcohólico recuperado




Una vida que casi se marchita


Raúl, un hombre carismático, alegre, buen amigo e hijo, hace más de dos años le diagnosticaron cirrosis. Desde ese entonces su vida de drogas y alcohol cambió.
Amparo, su madre, recuerda que su hijo Raúl, el más consentido de la familia cayó en una fuerte depresión, cuando perdió a su novia, producto de un accidente de tránsito, “la amaba demasiado, le iba a proponer matrimonio, pero por una desgracia de la vida, ella murió y desde ese día la vida de mi hijo se marchitó”.
Hace 25 años, Raúl Vera, nació en Latacunga, su nacimiento fue anhelado por sus padres, tras dos embarazos de alto riesgo que padeció su madre antes de su llegada al mundo.
Su vida fue llena de buenas calificaciones y honores, Raúl era bueno en todo lo que se proponía. Fue abanderado del Pabellón Nacional del Ecuador. Al empezar la secundaria, los padres decidieron mudarse a Quito.
Estudió en el colegio Juan Pío Montufar, desde un principio se inscribió en el club de futbol y en ese equipo fue donde conoció a Mario, su gran amigo. Así lo menciona Mario, “Raúl es mi pana de toda la vida, siempre ha sido mi acolite. Lo recuerdo como un chico tímido, le temblaba la voz, cuando la profe de literatura le pasaba al pizarrón a que diga un poema o la lección”.
Pasaron los años y Raúl fue más extrovertido, amante de la música, le gustaba tocar la guitarra y a más de una chica conquistó con sus serenatas, “ninguna chica se nos escapaba”.
Al graduarse en el colegio cada uno de sus amigos tomó diferentes rumbos. Raúl entró a estudiar en la Universidad Central, Ingeniería en Minas y Petróleos, tenía poco tiempo para salir con sus amigos y amigas, pero en las vacaciones de la universidad, un día viajó para Salinas. Su vida cambió desde ese entonces. A sus 21 años conoció a una joven llamada Claudia, pasaron los mejores momentos en aquella playa azulada.
A la medianoche, Raúl recibió una llamada de una clínica informándole que Claudia había sufrido un accidente. Ya en la clínica se le fue informado que el vehículo en el que viajaba se había volcado y producto de un choque, había sufrido graves golpes en todo su cuerpo.
Al día siguiente le dieron la noticia que Claudia no había resistido a la operación y que había fallecido.
Raúl se sintió morir, no lo creía, gritó, lloró, hasta maldijo, salió corriendo a ver donde estaba el cuerpo de Claudia, pero los doctores no lo dejaron ver, lo tuvieron que sedar para que se calme. Cuenta Mario, desde ese día Raúl ya no comía, se adelgazó, dejó sus estudios, su trabajo, no le importaba nada, cayó en una depresión en la que no quería ver a nadie. Se encerró en un mundo en la que ni el existía. Katty mi tía buscó ayuda en un psicólogo pero él nunca aceptó ir a verlo.
Un día sin decir nada había salido, todos estaban preocupados y al regresar notaron que Raúl había tomado, con dificultad podía caminar.
Todos los días tomaba, sus amistades habían cambiado, eran jóvenes que pasaban en los parques tomando y drogándose. Su carácter se volvió agresivo, no aceptaba ninguna ayuda de algún familiar o de amigos. Entre tragos y drogas se volvió dependiente de ellas.
Un día Raúl fue gravemente llevado al hospital a causa de unos dólares, los análisis según Carlos, le diagnosticaron cirrosis, los doctores advirtieron a la familia que si no se somete a cuidados y a una terapia Raúl perdería la vida.
Empezando una nueva vida

Raúl al enterarse de su enfermedad cayó nuevamente en depresiones, su familia no se despegó ni un instante de él, Mario iba al hospital le visitaba constantemente y le llevaba revistas, mientras que le decía frases que le motiven a salir adelante.
Una vez recuerdo que le dije “a Claudia no le hubiese gustado verte así en ese estado, créeme que ella donde esté, te recuerda siempre” al finalizar se puso a llorar y me pidió que me fuera y que no volviera, Raúl cambió tanto, su carácter era variable y le daba constantes depresiones.
Hasta que un día Amparo junto a sus otros dos hijos habían encontrado una Fundación para Alcohólicos Anónimos, en el sector del valle de los Chillos, dos meses después de su tratamiento médico, fue trasladado a la Fundación.
Ya en el lugar, 20 personas desconocidas que también formaban parte del grupo de jóvenes en rehabilitación, le dieron la bienvenida a la Fundación.
Raúl forma parte del grupo de cada 20 jóvenes, cinco entran en depresión por ruptura amorosa, soledad. Los primeros meses para Raúl, le fue duro en acoplarse, después con el pasar de los días fue conociendo los motivos de los compañeros que decidieron tomar la decisión de encerrarse en la bebida. Tal es el caso de Ana María, compañera de la Fundación, ella perdió a sus padres, en un accidente de tránsito.” Pero a pesar que todavía los extraño, yo se que ellos en donde estén, me desean lo mejor y no quieren que yo tome. Influyó en mi la soledad y las malas amistades. Pero yo se que Raúl va a salir totalmente de esta situación, de este mundo obscuro que son los vicios”.
Las actividades que realizaban en la Fundación, como realizar trabajos manuales que los mantenga ocupados para evitar la ansiedad de tomar un vaso de licor, eran muy necesarias, nos mantienen concentrados en otras cosas y aprendes a valerte por ti mismo, dijo Ana María.
Para Mario es muy importante que su mejor amigo se recupere, que vuelva a la vida de antes, que retome sus estudios y su trabajo, pero piensa que la ayuda del psicólogo también es importante en su recuperación.
Ahora que ya ha salido de la Fundación porque ha dado muestras de su mejoría. Su aspecto físico ha mejorado, “ahora lo veo más gordito y rosadito, ya juega, sonríe y aunque todavía recuerda a Claudia, el ya entendió que la vida sigue”.
Raúl se ha acercado más a Dios y que ahora prefiere ir a la iglesia y ha sido como una esperanza en su vida. Todos los fines de semana asiste con su familia y amigos al parque la Carolina.
Asistió a un retito espiritual para dejar ahí todas sus tristezas, y empezar una vida nueva, junto a sus amigos y familia que siempre lo apoyaron cuando él se estaba marchitando.


Nota: El nombre de los personajes de esta crónica han sido protegidos por seguridad. se te utilizó una imagen alusiva por protección al personaje principal.

posted under |

0 comments:

Newer Post Older Post Home

Followers


Recent Comments